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El desafío de la innovación

La ansiedad que produce estar parado frente a la hoja en blanco es solo comparable con la enorme dicha de contemplar la materialización de una idea innovadora. Pero, ¿qué es realmente la innovación? ¿Cómo y por qué ocurre?

Está claro que un diseño verdaderamente innovador no necesita explicaciones, habla por sí solo, pero lo que sí requiere cierto análisis son las condiciones o requisitos previos necesarios para que la innovación efectivamente tenga lugar.

Ante todo, es importante mencionar que nadie innova porque sí, espontáneamente; para que la innovación suceda debe existir a priori un problema que busca ser resuelto. Si bien es cierto que la inspiración se manifiesta a veces de forma cuasi mágica (el famoso “momento eureka”), este fenómeno es consecuencia de la incubación previa de una pregunta clave que madura hasta convertirse en una idea, y es en ese momento cuando irrumpe abruptamente.

Más allá del derrotero que tome un proceso de trabajo para llegar a una conclusión exitosa, fundamentalmente, innovar es dar un paso adelante, hacer conocido lo desconocido. Es una ejercicio más emparentado con el acto de develar que con el de crear, ya que implica el descubrimiento de algo que ya se encontraba allí, pero de cuya existencia no teníamos noción aún.

De todas formas, la creación y la innovación no son conceptos mutuamente excluyentes, por el contrario, van de la mano y operan sinérgicamente. No se puede atravesar un proceso de innovación exitoso sin poner en juego en mayor o menor medida la creatividad, ya que los desafíos relacionados con la innovación requieren la puesta en práctica de herramientas que aún no existen en un sentido estricto. En palabras de Richard Buckminster Fuller: “No intentes cambiar un sistema, construye uno nuevo que haga que el anterior se vuelva obsoleto”.

A modo de respuesta dinámica y en continua evolución a la pregunta entre manos, podríamos afirmar que resolver un problema en forma innovadora implica “contra-decir” el mundo que nos rodea, cuestionar el statu quo y crear nuevos recursos que nos permitan reconfigurar la realidad. Se trata, en efecto, de dar un salto cualitativo que marca un antes y un después, un quiebre de paradigma.

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